COLLAGE DE SUEÑOS

Ocho días atrás un amigo joven al igual que yo, me preguntó: «¿Por qué casi nunca se cumplen los sueños?». Yo le respondí que era necesario luchar por ellos. «¿Acaso se puede en Guatemala?» me dijo y se largó... Se fue.

A raíz de esa experiencia (que me dejó una sensación de frustración y vacío) asumí la tarea de conocer algunos sueños: los de dos niños, una adolescente y una jovencita de 19 años a quienes con frecuencia encuentro en el diario caminar de nuestro pueblo.

El primero al que le pregunté fue un niño de cuarto grado de primaria de una escuela pública. Su casi quimera iba en orden a sus zapatos. Su respuesta fue contundente: «Quiero crecer rápido para poder trabajar y comprarme unos mejores». Cuando habló, señaló su calzado. Los dos zapatitos, una especie de botines, estaban agujereados y era más que evidente que le quedaban grandes. Sin duda alguna, para él no fueron de nuevo estreno.

La respuesta del segundo niño, de sexto grado de primaria de un colegio privado, fue a manera de bofetada: «Yo solo quiero que mis papás dejen de pelear porque ya no los aguanto». Para entonces, sus ojos estaban llenos de lágrimas, y en un arranque de cólera quebró un lapicero que tenía entre las manos. Un abrazo fue lo mejor que pude proveerle en ese momento.

Cuando le pregunté a la adolescente, una jovencita de 19 años quien fue muy concreta: «Quiero graduarme y trabajar para que mi papá se regrese de los Estados Unidos. Se fue para darnos una mejor vida. Creo que ya lo hizo. Los tres hijos estamos logrados». Ella fue muy parca y aprovechó el momento para consultarme acerca de unos libros que no sabía dónde encontrar. Este año obtendrá su título de maestra de educación primaria urbana.

Todas las respuestas fueron aleccionadoras. Me di cuenta de que en todas se percibían contextos previos donde cierta ausencia (ética, moral, de solidaridad, etcétera) había generado pobreza, violencia intrafamiliar, un casi terrorismo en contra de la madre tierra y la migración de personas para buscar en otras latitudes la seguridad económica de sus familias. Y esa ausencia había golpeado a las personas con las que dialogué. Como característica común, en todas percibí mucha nostalgia en la mirada.

Concluí entonces que para alcanzar los sueños se necesita no solo luchar por ellos, sino la participación generosa de las personas de nuestro entorno a manera de apoyo, así como una apertura al amor que oriente el derrotero de los sueños hacia un puerto seguro, y no hacia una utopía inalcanzable.

¿Será mucho pedir que nos abramos al bien?