DEPARTIENDO SOBRE EL BASURERO Y LAS AGUAS NEGRAS
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¿Y el Fin de la Defecación al Aire Libre FIDAl? (cuestión que tanto se promociona)
¿Y qué hace la infraestructura de la Planta de Tratamientos de Desechos Sólidos?
Se sabe que en nuestro municipio han habido proyectos en administraciones de gobiernos anteriores, que argumentan el tratado a las aguas negras del casco urbano ¿Qué ha sido de todo ellos?
¿Hace algo el CAP solo por referirse a este contenido?
HELVETAS Swiss Intercooperation.
Es una organización suiza de ayuda al desarrollo, trabajando para lograr un mundo justo en el cual todo los seres humanos puedan vivir una vida auto determinada, digna y segura, utilizando los recursos naturales de forma sostenible y conservando el medio ambiente. ¿Pero creemos que con el hecho de coordinar pequeñas actividades con la comuna, estos principios se logran?
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En Guatemala no existe una ley nacional que reglamente el manejo de los residuos y desechos sólidos. Por eso, cada comuna debe ver qué solución es la mejor para su territorio, y cada quien ve cómo esconder la suciedad debajo de la alfombra. En 2010 fue presentada la Iniciativa de Ley 4240 por la Comisión Extraordinaria de Recursos Hídricos, y esta se conoció en el pleno en septiembre de 2010. En noviembre del mismo año la Comisión del Ambiente, Ecología y Recursos Naturales del Congreso de la República le escribió un documento a Dirección Legislativa, emitiendo dictamen favorable a la iniciativa de ley y considerando pertinente su aprobación por el pleno. Cinco años después aún no hay un acuerdo y la ley no ha sido aprobada, así que la situación descontrolada de tirar la basura sin mayor planificación sigue existiendo.
Nuestra mediocridad como sociedad ha llegado a tal grado que vivir entre la basura ya no nos preocupa. Presumimos de galanes tiendas y negocios, brillantes carros. Los varones de todo nuestro municipio abrillantan sus cortos cabellos (y critican a alguien que se lo deja crecer) y de mañana en mañana dan brillo a sus zapatos. Nos domina todo lo que brilla, aunque su irradiación dure apenas unas semanas o sea absolutamente falso.
Nuestra mediocridad como sociedad ha llegado a tal grado que vivir entre la basura ya no nos preocupa. Presumimos de galanes tiendas y negocios, brillantes carros. Los varones de todo nuestro municipio abrillantan sus cortos cabellos (y critican a alguien que se lo deja crecer) y de mañana en mañana dan brillo a sus zapatos. Nos domina todo lo que brilla, aunque su irradiación dure apenas unas semanas o sea absolutamente falso.
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Los predicadores, las autoridades de todas las entidades de nuestro San Miguel (hablo de manera general con todo el respeto que ustedes me merecen), muestran ante las cámaras, ante los medios extranjeros y locales su limpia camisa y sus dorados complementos. Pero, por donde vamos y pasamos, las comunidades, pequeñas y grandes, apestan y están rodeadas de basura. Y como con todas nuestras vergüenzas, hacemos como que no la vemos. La escondemos en las afueras o, como sucede ya en el casco urbano (en el centro), la amontonamos en barrancos rodeados de población y hacemos así que el olor asqueroso de los materiales en descomposición aromatice nuestro egoísmo y rodee la riqueza mal habida, acostumbrados a convivir con el tufo, que, según parece, imaginamos que hace más relucientes nuestras prendas y nuestros objetos particulares.
Egoístas, mantenemos impecable el interior de nuestras casas, pero apenas nos preocupamos por ubicar nuestros desechos en lugares adecuados. A nadie le importa si sus restos fecales se depositan en lagunas y ríos vecinos. ¡Apestan!, chillamos sin asumir que son nuestras propias heces las que contaminan el río cercano. Pedimos que nos mantengan limpios y brillantes las calles, las plazas, los mercados y los parques, pero hacemos lo mínimo por producir la menor cantidad de basura posible.
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Si una autoridad por aquí y otra por allá limitan el uso del plástico (raro que pase esto), lo hacen más como un acto folclórico que como parte de un proceso colectivo para liberar al municipio de su apestosa y asquerosa contaminación. Si algunos protestan por la contaminación de las aguas, consecuencia de prácticas irresponsables de propietarios de negocios o servicios, luego aparecen los que con medios de comunicación y paginas anónimas defenderán el supuesto y sagrado derecho a la inversión e impedirán por todos los medios que alguna medida de control, por mínima que sea, venga a establecerse. Miles de ciudadanos ganan lo mínimo en la procura y selección de sucios desechos, los que luego venden a precios de miseria a hábiles que los procesan y reciclan sin asumir ninguna responsabilidad con la salud, la educación y la sobrevivencia de sus proveedores. Hay quienes centran su búsqueda en el plástico, las latas de gaseosas o cervezas, o botellas de vidrio, para ganar al día entre “20 y 30 varitos diarios”, según el producto seleccionado. La mayoría trabaja en grupo para lograr reunir al menos un quintal de desechos.
Establecer formas radicales de acabar con el consumo de plástico, cartón, vidrio y metales es un paso urgente. Eso es lo que se hace en las sociedades modernas, donde lo que se valora son las personas, y no las riquezas producidas entre la corrupción y la porquería. No es nada del otro mundo ni acciones que solo realicen los habitantes de Marte o Neptuno. Resulta absurdo e irresponsable que todos esos materiales reciclables tengan que ser separados cuando ya han sido revueltos con materias en descomposición, transportadas en los mismos vehículos y apenas separado por mantas y plásticos. Los camiones de basura no tienen por qué ser los más viejos y apestosos y sus encargados niños sin escolarización.
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Si aprendimos a limpiar el cabello con grasas, brillantina y gelatinas, si disfrutamos el zapato lustroso y la ropa limpia, si adornamos con oro imágenes religiosas, portones de infraestructuras, manos de predicadores, alcaldes y diputados, me atrevo a asegurar que podemos aprender a vivir en comunidades limpias, con ríos y riachuelos claros, sin áreas apestosas y repulsivas como el basurero y desemboque de aguas negras. (Que está a la salida que conduce a comunidades de Zatla, baljetre, La Liberta, La Florida y toda esa región)
¿Ustedes saben a qué sabe respirar ese aire todos los días de la semana? ¿Por qué esto es algo que aún no ha cambiado? Es momento de ir por una verdadera transformación… La salud de las futuras generaciones nos lo va a agradecer.




